La Independencia Ideológica de un Asesor Político

Lunes, 15 Septiembre   

El consultor político es un profesional y como tal tiene que ser objetivo en sus estudios y en sus apreciaciones; es decir, no dejarse llevar por los sentimientos ya que va en juego el éxito de cualquier campaña que inicie. El hecho de ser profesional significa que recibe una compensación económica por su labor; por tanto, este profesional, desvinculado ideológicamente del aparato partidista de cualquier agrupación política tiene que evaluar las diferentes investigaciones (cualitativas, cuantitativas o de otra índole) por lo que su independencia, tanto profesional como ideológica, va en función de su objetividad total y no parcial; como así podría ser si el consultor político pertenece a la estructura del partido en cuestión.

Por otra parte, si existiera dependencia ideológica podría ocurrir que no se pusieran al alcance del consultor político todas las herramientas necesarias para el desarrollo de su labor; un ejemplo sería el intento de ahorrar partidas económicas ya que, el consultor “es de los nuestros”. Grave error cuyas consecuencias no se pueden evaluar a priori aunque seguramente pueden ser nefastas; como se dice popularmente “lo barato puede salir muy caro” y en réditos políticos más. Profesionalidad e independencia son indispensables: ambas garantizarán un buen inicio de campaña y son básicas para alcanzar los resultados esperados.

El cliente tiene que confiar plenamente en su consultor ya que éste será objetivo en todas sus manifestaciones y evitará, de esta forma, ser puesta en duda hasta su propia profesionalidad; ya sea por parte del cliente o de las personas cercanas a éste. Dice Joseph Napolitan, uno de los más renombrados asesores norteamericanos que “es imperativo que los que trabajan con un consultor, en especial el jefe de campaña, sepan que él sólo tiene un propósito en la campaña: ayudar a ganar la elección. Todo el equipo de campaña debe entender que el consultor es un recurso a ser utilizado y no una amenaza a sus aspiraciones”; aunque no pertenezca a la disciplina del partido en cuestión.

Destacar finalmente que el cliente debe estar abierto, sin acritud, a las críticas y consejos del consultor y confiar plenamente en él.